Ven, muerte tan escondida, que no te sienta conmigo, porqu' el gozo de contigo no me torne a dar la vida. Ven como rayo que hiere, que hasta que ha herido no se siente su ruïdo, por mejor herir do quiere: así sea tu venida, si no, desde aquí me obligo qu' el gozo que habré contigo me dará de nuevo vida.
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Vos me matáis de tal suerte y con pena tan gloriosa, que no sé más dulce cosa que los trances de mi muerte. E della soy tan ufano, tan penado e tan contento, que no trocaré un tormento por mil bienes de otra mano. Y, pues que quiso mi suerte darme pena tan gloriosa, no quiero más dulce cosa que los trances de mi muerte. |
¿No decís? ¿Qué mal es el que sentís? ¿Qué sentistes aquel día cuando mi señora vistes, que perdistes alegría y descanso despedistes? ¿Cómo a mí nunca volvistes? ¿No decís? ¿Dónde estáis que no venís? ¿Qué es de vos que en mí n' os hallo? ¿Corazón, quién os ajena? ¿Qué es de vos, que aunque me callo, vuestro mal tan bien me pena? ¿Quién os ató a tal cadena? ¿No decís? ¿Qué mal es el que sentís?
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