JOSÉ ALBI |
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Toro en la noche |
Zodíaco total toro cornea, plaza redonda donde el mundo cabe; qué solo estoy, amor; me falta llave para hallar el silencio que me crea. Grita el toro, pues dura es la pelea y en la terrible noche vence un ave. Veloz viví para morir en clave. Toro era el mar y nave mi odisea. Pasa una última luz, último coche. Deja que grite el toro, pues la noche es totalmente suya. Un mugido rompe la perfección, quiebra el silencio. Me sentencias, amor; yo te sentencio a compartir la noche y el aullido.
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Te cuadriculo, amor, me cuadriculas. Buscas la perfección entre candiles. Entre luces doradas y sutiles trata el tiempo de hallar lo que estipulas. Te autorizo con velas y con bulas a ser la luz total, y entre albañiles levanto bulas, acompaso atriles. Parte la nave y el amor tripulas. Todo volverá a ser como ayer era. Beethoven, fuga, adagio, primavera. Tropezarás con Bach. Dobla la esquina: O sonata o soneto. Todo es una conspiración, mitad sol, mitad luna. Se abre la luz. El alba nos conmina.
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Cada línea precisa es la
perfecta consumación del tiempo. Cada día aporta una cruel geología de altas peñas, indócil e insurrecta. No se puede vencer con una recta que alguien trazó a cordel. Hegemonía, que es en el cenit pura geometría, no es razón suficiente, no me afecta. Busco la niebla que me lleva dentro. Un turbio ir y venir guardo en el centro de los que soy, serás, total y mía. Hay una incertidumbre en tu mirada. Lejanísima escucho tu llamada. Invento entre mi bruma tu armonía.
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Buen amigo, buen hombre, hierbabuena
en maceta de sol, traje de pana, camisa y nada más, por la que mana todo lo que aquí callo. La colmena de síes y de noes se nos llena. De sí y de no, repito. Nadie gana. En el espejo gris de la mañana entera la ciudad cuenta su pena. Su pena y azucena seca, lirio, cosas fundamentales. Arde un cirio en la quietud de todo lo creado. Pasa un hombre dormido a media vela. Callan las tumbas y el que calla, vuela, entre sus propias alas desalado.
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