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Manuel Alcántara

Soneto para empezar un amor

El poeta pide por su voz

Toledo ahora

A un pino negro

Soneto para acabar un amor

SONETO PARA EMPEZAR UN AMOR

Ocurre que el olvido antes de serlo

fue grande amor, dorado cataclismo:

muchacha en el umbral de mi egoísmo,

¿qué va a pasar? Mejor es no saberlo.

Muchacha con amor, ¿dónde ponerlo?

Amar con cercanías de uno mismo.

Como siempre, rodando en el abismo,

se irá el amor sin verlo ni beberlo.

Tumbarse a ver qué pasa, eso es lo mío;

cumpliendo años irás en mi memoria,

viviendo para ayer como una brasa,

porque no llegará la sangre al río,

porque un día seremos sólo historia

y lo de uno es tumbarse a ver qué pasa.

 

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EL POETA PIDE POR SU VOZ

La voz es la esperanza que se amasa

con sangre de silencios y de ruido,

miedo sonoro, porvenir de olvido,

perro ciego en la puerta de mi casa.

La voz es una llama que fracasa

con su rojo propósito aterido;

en los labios estaba y se ha perdido,

que venga Dios a ver lo que le pasa.

¿Adónde irá mi voz con su estatura

mínima y luminosa de vilano?,

¿quién le presta las alas para el vuelo?

Procure yo en su frágil andadura

que el aire me la lleve de la mano

y Dios no quiera que se caiga al suelo.

 

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TOLEDO, AHORA

¿Quién le ha dado este Tajo al tiempo quieto,

al tiempo hecho peñasco y serpentina,

donde empiezan los cielos y termina

la roca por mostrarnos su esqueleto?

Greco encrespado. Puesto en un aprieto

de terraplenes y de arena fina.

Cielo de águilas. Suelo de honda mina

desenterrada a ras de su secreto.

Ciudad de ayer. De algún tiempo acabado

que se quiso morir y se ha quedado

vivo entre cigarral y geología.

Todo lo que ya ha sido nos espera

y nosotros, también, en la ribera

lloramos "la su muerte cada día".

 

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A UN PINO NEGRO DE MONTE CASTILLO,

ENTRE EL SEGRE Y EL NOGUERA PALLARESA

Sé que se quedará ganado el cielo,

acendrando maderas temporales.

Pino montana alzado entre cristales

de nieve maniatada a ras de suelo.

Sé que se quedará mirando el hielo 

sobre las extensiones forestales

mientras yergue el rebeco dos puñales

de leña ardida y ronco desconsuelo.

Hay Pirineos. Nieve en el helecho,

aliagas y urogallos por el pecho

de este pino montana en la montaña.

Sé que se quedará, pero quisiera

quitárselo de cuajo a la ladera

y apuntalar el corazón de España.

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SONETO PARA ACABAR UN AMOR

He quemado el pañuelo, por si acaso

se pudiera tejer de nuevo el lino.

Le sobra la mitad de vaso al vino

y más de media noche al cielo raso.

Tenía que pasar esto. Y el caso

es que estando yo siempre de camino

y estando tú parada, no te vi y no

me ha cogido el amor nunca de paso.

Puede que salga a relucir la historia

porque nunca se acaba lo que acaba,

que se queda a vivir en la memoria.

Echa a andar el amor que te he tenido

y se va no sé dónde. Donde estaba.

De donde no debiera haber salido.

 

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