A tu sombra nací, Giralda mía,
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La soledad
voy buscando,
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Nació una flor al pie de unas ruinas donde no la vio nadie: el sol no más, desde su eterna altura, supo que aquella flor vivió una tarde. Así fue mi destino; vegetando en la aridez de amargas soledades, oculta en su dolor, vive mi alma. ¡Dios sólo de ella sabe! |
La vida
Primero la niñez dulce y serena, sin inquietud ni pena, resbalando entre juegos y sonrisas: ¡puro y naciente albor, fresco capullo, indescifrable arrullo de hojas y ramas, pájaros y brisas! Feliz después, la juventud despierta, como la flor abierta, y perfuma el amor los corazones: ¡ardiente claridad, fijo deseo; misterioso aleteo de sueños, de esperanzas, de ilusiones! Luego, la ancianidad, triste y sombría, como nublado día, entre recuerdos al sepulcro marcha; ¡sombra crepuscular, seco ramaje, tristísimo paraje de olvido y muerte, lobreguez y escarcha. |