Este
cuerpo apoderado de sí mismo
escorado,
testarudo;
esta sumisión sin nombre
a un estado, a una breve
transición entre vigilia y sueño,
desafecto, descorchado, desandado,
puro tiro de estampida y yugo
barquinado, coz y cúmulo,
apenas pago de desdicha, pueblo
polvoriento y olvidado;
este cuerpo destronado,
negativo y copia de haber sido
cuerpo amado, ya sin causa
ni razón o acápite
que murmure y rumie
su razón de olvido,
está luchando bravo, y pide
pordiosera, humildemente,
nacer naciendo, como quien
supo sabiendo, lo imposible. |