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Alguna vez me sorprendió la noche... En el hombre ver solo su firmeza |
Quisiera que mi verso pareciera... |
_ ¿De dónde vienes, hermano? _ Hermano, vengo del mar. _Y yo vengo de la tierra; de la tierra: de sudar. _ La tierra vengo buscando. _ Y yo voy buscando el mar porque en tierra he sido esclavo. _ Yo he sido esclavo en el mar. _ La tierra, hermano, te guarde. _ Hermano, guárdete el mar. ( de LOS POEMAS DEL BARDO)
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Pero a veces las cosas no resultan tan claras. Abandono las calles del centro, y las afueras me acogen con su clima de misterio
y
el tenue
parpadeo
de
sus
luces
escasas,
y entonces, ante un vaso, con los amigos viejos y los amigos nuevos, en la tasca del barrio, cuando muere el crepúsculo y el vino más barato nos inunda de besos, (huésped agradecido de los labios pero que quiere ver, como hermano indiscreto, la sombra más oculta y el rincón más lejano del corazón despierto) entonces, ante un vaso, me embriagan las palabras de los amigos viejos y los amigos nuevos: _De acuerdo estoy en todo lo que dices ... _Estamos convencidos, compañero ... _Lo que piensas, muchacho, es muy hermoso ... _El momento, verás, ya no está lejos ... Y cuando, ya borracho de escuchar los abrazos, y de apretar palabras, y de beber ensueños, abandono a los míos y me lanzo a la noche ya no sé si dormido, ya no sé si despierto, las cosas me resultan cada vez menos claras... Porque si bien es cierto que es muy fácil encontrar la palabra donde estamos de acuerdo, el hambre no se cansa de andar por nuestras calles, y continúa el barro, y el hastío, y el miedo.
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Alguna vez me sorprendió la noche muy lejos de mi mismo, en el camino mil veces transitado que empieza en dos premisas ya olvidadas y desemboca siempre en el vacío. Es hermoso pisar la carretera o escuchar el crujido de la rama dormida en el sendero,
cuando
se
tiene por
delante
un
día
al margen reposado del trabajo, y comienza el silencio a posarse en los árboles, y el pecho está sereno y tu momento es tuyo, y puedes largamente permitirte el placer de dejar que se pierdan tus pasos y tus sueños por el más amplio mar, sin que vigile tu marcha otro mirar que el de la estrella. Si acaso lo consigues, es posible que pienses un momento al escuchar la música del río, al contemplar el lienzo de la noche, que en verdad es magnífico y perfecto el mundo en que vivimos, y admirable su belleza templada y apacible. Pero entonces acaso, cuando el aire es más límpido y más noble el curso sosegado del arroyo y el gozo que del pecho fue a tus labios y completó el paisaje sorprendido, ocurre acaso entonces que el ladrido de un perro vagabundo se enfrenta con la noche, y es bastante la imagen que se cruza para hacer que despiertes y una mano te coja por el brazo clavándote en cualquier encrucijada, y te indique el semáforo alumbrado en el rincón más hondo del cerebro que conduzcas despacio tus premisas porque, aunque el bosque es amplio, la noche no desborda su mensaje de sueños con la misma medida en cada brote nacido de la tierra, y no lejos de ti se halla el hermano a quien le está prohibido disfrutar del dormido y admirable nocturno acompasado de los campos. ( de LOS POEMAS DEL BARDO) |
A Blas de Otero Dicen que el año mil novecientos treinta y tantos la tierra de mi patria dejó de ser de tierra,
porque se convirtió en
un suelo estéril enemigo del trigo y de la lluvia; que los ríos perdieron temblor y transparencia, y supieron la forma concreta de la muerte; que las noches no fueron compañeras del viento, y los robles doblaron su medrosa estatura temerosos de una bala perdida... (mejor se entierra el plomo tras el pecho de un árbol que entre las jóvenes ramas del hombre, y mejor todavía en la corteza muda de la tierra, en las minas...). También dicen que en tiempos muy lejanos, siglos y siglos antes del sputnik primero, pero siglos más tarde de que el hombre lograra que el sudor de otro hombre llegara hasta sus manos con el brillo del oro, también dicen que entonces los ríos se secaron y el aire se hizo espeso alguna vez en Gilboé y en Hiksos, y en la llanura encrespada de Maratón, bajo el cielo de Grecia. No sé, yo no recuerdo. Ni me teñí las manos con sangre filistea, ni me importaron nada la ambición de Alejandro ni la sed insaciable de Darío... y del duelo entre Oriente y Occidente _ese duelo pendiente todavía según dice la prensa_, del duelo entre Persépolis y Atenas, ya sólo me interesa la hazaña del atleta que corrió sin descanso desde la última herida de lanza hasta el canto primero del pueblo alborozado. Son cosas ya pasadas: historias de otros tiempos y otros hombres: de los hombres que lucharon en Troya o que sintieron miedo en las trincheras unos minutos antes del combate en el Ebro... Yo no sé de esas cosas: yo soy un hombre que ha nacido más tarde, alejado en el tiempo de Brunete y Guernika; alejado del odio por amor a la tierra... amigo de la tierra y enemigo del odio. ( de LOS POEMAS DEL BARDO) PULSA AQUÍ PARA ACCEDER A UNA ANTOLOGÍA DE POEMAS SOBRE LA GUERRA CIVIL |
Tengo
las redes llena (manos vacías.) Las redes son del amo, las manos, mías. Estaba el mar vacío bajo la noche; con sudor lo llenamos los pescadores. Está el campo sombrío de madrugada; con las manos hacemos la luz del alba. ¡Cuándo será la tierra tuya en tus manos; tuyas la barca y redes, y el mar tu esclavo! (de Tiempo de siega y Otras Yerbas) PULSA AQUÍ PARA ESCUCHAR ESTE POEMA CANTADO POR AQUAVIVA
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sobre un negro encerado, demostraste tu verdad matemática, Guevara, con la sangre del Ché. Verde Bolivia y Ernesto el argentino y el cubano y el sudamericano y el humano... conjunción de un paisaje y un mensaje casualmente en Octubre, casualmente medio siglo después. Ya no es posible dudar de que la rosa no otra cosa persigue que entregarse hecha perfume, ni el agua un premio busca diferente de apagarnos la sed... indefinible momento de la envidia, ¿qué invisible razón podrás hallar a lo evidente? Que aquél que lucha lucha porque lucha, y que el que sabe amar es porque sabe sencillamente amar, tan sólo amar... amarga la batalla y su porqué si, para amordazar a la ironía, fuera preciso recorrer un día los caminos del Ché. ( de Como la espuma lucha con la roca) PULSA AQUÍ PARA LEER POEMAS DEDICADOS AL CHE GUEVARA
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En el hombre ver
solo su firmeza
o entre lo recio descubrir la arcilla y el gusano en la efímera belleza. El áncora clavar en la certezade la roca apresada por la quilla, o captar en la música sencilla del flautín vagabundo su nobleza. Lo soñado o lo cierto: la campanao el martillo tenaz. El peregrino bien conoce que es uno su sendero. Jugué a los dos a un tiempo, y la mañanavolvió tristeza la ilusión del vino que me trajo a esta fiebre prisionero. (de LA CAMPANA Y EL MARTILLO PAGAN AL CABALLO BLANCO)
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A José Luis Gallego
Te cuento con tu estilo en un sone que estoy en huelga de hambre y en la cárcel. Ya sabes lo que es eso, que la cárcel la conociste bien. (Como el soneto) Ya sé que no podré con un soneto derribar las murallas de la cárcel. Mas queda la interior, y de esa cárcel sí salta sus cerrojos mi soneto. Todo sigue lo mismo que tú sabes: el mármol que al sepulcro te sujeta, el vacío de amor por compañero... Pero igual que yo mismo tú lo sabes: se hundirá el pedregal que me sujeta, y volveré a la vida, compañero. (De Versos de un tiempo sombrío)
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Mientras luchaba yo con mi cabeza doliente en una celda de castigo, de madrugada descuajaron trigo de cinco espigas jóvenes. Nobleza y error ya irreversibles. No hay belleza. No hay ninguna belleza en lo que digo. Cinco cuerpos de piedra por testigo pongo sobre este abismo de vileza. España, patria mía, ¿por qué ofreces ese semblante trágico al que intenta reflejar en sus ojos tu hermosura? Muéstranos el desnudo en que amaneces quitándote la máscara sangrienta que tu sereno rostro desfigura. (de Cantos y cuentos oscuros) PULSA AQUÍ PARA LEER POEMAS SOBRE PRESOS O CONDENADOS |
ROMANCILLO DEL MONSTRUO DE FRAKENSTEIN Se llamaba Frank Stein.Nació pobre; como un árbol, sembrado estuvo en la tierra... después lo desarraigaron
para hacer de su madera
la jaula donde encerrarlo. Vino el niño Frank al mundo para ser precio barato cuando pusiera a la venta su fatiga en el mercado; mas, como creció tan recio y eran de acero sus brazos, los que con él traficaban supieron utilizarlo también como vigilante del sudor de sus hermanos. Por eso, cuando contemplandesde arriba lo de abajo, se hacen guiños los planetas y bailan alborozados al ver cómo en las ciudades, sobre la mar y en los campos, hay un orden inmutable para siempre asegurado, pues tiene Frank la herramienta y Stein un rifle en la mano. (de AULLIDO DE LICÁNTROPO)PULSA AQUÍ PARA ESCUCHAR ESTE POEMA CANTADO POR LUIS PASTOR
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mirad la luna. Brilla. Está colgada de un árbol que conozco... _una mujer, un hombre, una serpiente_ ...el equilibrio a punto de ser roto, la cuerda floja encima del abismo, y un mundo muy extraño bajo el pozo. Bastará que algo brille, que la sangre se agolpe, poco a poco, que pase una gacela, que traiga el viento carne hasta mi olfato de lobo... manos de vello negro, dientes de aguda garra entre mis poros, garras de diente agudo gritos en que se afila mi alborozo... la caricia el zarpazo, la palabra el aullido. Canto y corro. (La luna desprendida de los árboles se baña, sangre de gacela, en rojo) (de AULLIDO DE LICÁNTROPO)
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El mar es una playa sin memoria. No recuerda su curso cuando, río, bajaba entre peñascos o, en reposo,
deslizaba sus venas entre frondas amables, y fraterno derramaba su frescor hasta hundirse y desmayarse después de dar el pan. El mar es una promesa ya cumplida, un gran abrazo que simboliza el gesto que perdona. Si no tiene memoria es porque tiene la euforia del borracho. Y no recuerda la cala pequeñísima del yo que le encerró en un mínimo destino del que pudo escapar al mismo centro del pronombre plural y solidario. No es el mar un avaro que cuenta sus monedas y a solas se masturba en la penumbra de su escondido calcetín huidizo, y en un rincón vigila la rendija del tragaluz en donde el aire niega la entrada. Que es el mar amplio vuelo de albatros, vela al viento, corazón rebosante, jubilosa canción coral donde el amor se inflama. Pero el mar es un río sin memoria. Y si tiene la euforia del borracho carece de esa mínima tristeza donde se reconoce el yo pequeño, singular, entrañable, siempre humano donde alienta la propia certidumbre... que nos permite estar. Por la que somos. (de Memoria del malentendido) PPULSA AQUÍ PARA LEER POEMAS DEDICADOS AL MAR |
Le
llamaron folklore a la miseria
y reserva moral al abandono; le llamaron virtud a la ignorancia, pecado al
horizonte...
Se desnudó de mar y echó sus anclas a lo interior Castilla; su impulso de expansión trocó en amarga lección de narcisismo, y, por creerse señora de la luz, cerró ventanas a la canción del viento y al mensaje forastero del agua. Así vivió en sí misma la meseta, como la luz de sus contornos, plana. ¡Oh anacrónica monja de clausura que medita su calma rutinaria protegida por tocas ancestrales... oh arruga invertebrada! Silencio de una tierra ardiente y vieja que por caminos lentos se desangra. (de TIEMPO DE SIEGA Y OTRAS YERBAS)
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Quisiera que mi verso pareciera como el surco quemado de Castilla: agrio y sediento de gritar por fuera; por dentro, la semilla.
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No es verdad que la muerte sea un silencio blanco, un encalado muro de soledad vacía; no solamente un rostro sin arrugas ni tiempo ni una gota es la muerte camino del olvido. La muerte es la criatura de un dios que piensa en ella,
la muerte sólo encuentra su existencia en los otros: en los que siguen vivos, creadores de lo cierto. Nadie muere en sí mismo. Nadie puede acordarse de cuando estuvo muerto, de cuando ya no aliente; la muerte es un extraño suceder de otra sangre: el recuerdo de un soplo que pasó a nuestro lado. Nadie sabe su muerte. Los demás la contemplan, mas a ninguno alcanza poseer la que es suya... Y latiendo prosigue quien se alberga en la honda memoria del hermano, del amigo, del hombre. Continúa en los otros, y en sí mismo no ha muerto, aquél a quien reclaman amorosos los vivos. Quien un peldaño puso materia es de la lluvia por la que fructifican los dones de la tierra. Porque la muerte es nada si conciencia se tiene de que un pecho plural es el pecho del mundo; y si a veces un grano de esperanza se angosta, otro grano se expande para inundar el río. Nadie piense que todo con la muerte termina. Que la vida es eterna, y el tiempo generoso. Y el pequeño latido que desposó el silencio lo recogen los otros, y en sí mismo no muere. ( deTiempo de siega y Otras yerbas.) PULSA AQUÍ PARA LEER POEMAS RELACIONADOS CON LA MUERTE
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Si el espacio y el tiempo son los pliegues de la túnica oscura del Destino que muchos llaman Dios y que separan todo encuentro posible de dos seres destinados a unirse
sin que el azar
imponga su capricho, ¡con cuánta presunción aquel que ama y es a su vez amado se imagina en el vértice del cosmos en torno al cual los serafines danzan! Mi amor nació en un tiempo no venido, y nuestras vidas breves discurrieron por paralelos cauces; geometría que nos mantuvo fatalmente al margen de un final venturoso. ¿Qué otra cosa sino la vanidad dictó a Romeo su pasión por Julieta? ¿Sólo en ellos la copa rebosó de la tragedia? Mas acaso en el ente colectivo que llamamos mujer, que hombre nos llaman, _lo demás es anécdota de un día_ se oculta la verdad: que cada encuentro causal convierte en carne y en sangre _eucaristía del sentido_ la comunión total de los humanos; que en tu reposo, Alicia, cabe toda la amorosa dialéctica del sexo. (De La campana y el martillo pagan al caballo blanco)
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A mi hermano en la Poesía Antonio Hernández A las cosas pregunta, y así aprende, del paisaje, que siempre al otro lado del mar hay una tierra, pues sus ojos
de Gibraltar a Ceuta libres vuelan
desde el terruño blanco; y que las casas son la tierna herida por donde sangra el campo; y que es un juego peligroso el río y un terror la montaña, y es el árbol un dulce amigo que a abrazar convida y un hermoso diálogo. Y aprende de otros niños, el hijo de Clymene, que la mano de a quien padre respetan es el puerto y el barco: la vela airosa para la aventura... el madero robusto para el náufrago. Y se contempla como el solo trémolo que no arrancó algún arco del pozo antiguo en el que fértil llora la madera materna, y agraviado por la Naturaleza se imagina: comienza ya a sentirse agua sin vaso; sin raíces, la rama seca y torva desgajada del tallo. Adulto adolescente, niño grave, cuando del sol conoce que es el vástago de implacable destino y en dominar se esfuerza los caballos con los que conducir sin extravío de la vida insumisa el torpe carro, se le incendia el cerebro, pierde el pulso su corazón helado... destroza lo que encuentra cuando vuelve del luminoso vértigo hasta el páramo donde todo es penumbra soñolienta, febril eternidad, silencio manso. (de Testamento de Heiligenstadt)
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El sentimiento, al despertar, se asombra. La inteligencia alerta se conmueve. Si la mano tendida palpa el tacto
de la manzana que los
dioses niegan; si un profundo dolor busca refugio tras la muralla de la frente propia, tal vez puedas, hermano, conocer lo que el ciego vidente: aquel que tuvo la sabiduría para mudar su forma, curiosidad ambigua y complacida para cruzar el fuego del espejo. Quien lo exterior no ve, lo más profundo consigue vislumbrar; quien de lo antiguo conoce la semilla, mirar puede detrás del horizonte _para los más, opaco_ lo que acecha en las vueltas del camino. (de Testamento de Heiligenstadt) |
Como el hierro a su imán, o como al llanto de los juncos el rostro de Narciso; como a la playa el mar lleno de espuma y un cansancio infinito al retirarse dejándola en su rito de abandono, así Patroclo, aqueo de hermosas glebas (y no al príncipe teucro, domador de caballos, sino al soldado de su misma patria) tiende sus brazos con el gesto amable de la entrega total, y en ellos sueña, tan ardiente y vivaz, y tan sensible para la hazaña heroica como Aquiles, el bravo compañero.
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cambiados los paisajes, ido el tiempo, renqueante la no siempre en avance, paradójica carreta de la Historia, cuya rueda se melló en el camino: acecha el fuego y el potro descoyunta al hombre mísero. Y Patroclo recela, y no se atreve, tal vez ya no recuerda que su muerte en Ilión fue llanto y cólera, porque ahora es ceniza, barro y polvo, prisión y soledad, silencio oblicuo.
Y hasta el mar se retira de su pecho.
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cabellera de agua se le enreda murmurando en tus dedos inocentes que responder no saben, y se aleja. O si el aroma azul no te conmueve y el manantial no buscas en la hierba donde entregar de bruces tu desmayo vencedor y vencido por la tierra. Si a tu lado la tarde es un camino por donde acuden todos a la fiesta cuando es mayor la sombra entre tus ojos y nada te convida, y nada sueñas, entonces, del silencio, del olvido, del rechazo, del hambre, de la ofensa, de tanta sed cuando la mar rebosa, tal vez surja, algún día, tu poema.
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Estaba un poco
preocupado un arce cuando salí hace un rato. Atardecía y el sol difuminaba su sonrisa lejana en los opacos matices de la sombra. Sin querer _por cortés miramiento_ con fijeza penetrar en la hondura del silencio que tan vertido a su interior sentía, pude ver que unas canas prematuras teñían de amarillo lo que sólo pocas jornadas antes era un lúbrico, sonrojante temblor. Nada me dijo cuando nuestras miradas se cruzaron con mucha discreción, furtivamente, pero advertí la tierna simpatía, quizá más solidaria, de quien entre sus hojas descubriera los estragos que el tiempo viene haciendo lentamente a mi paso. Incluso el sauce, tan patético siempre, que no puede lamentar otra cosa que su propia tristeza, pareció compartir el sentimiento de aquél en quien con tanta pesadumbre mi decadencia gris se traducía... Mas nadie comentó sino el espléndido perderse de la luz en la penumbra. (De Reflejos en el Iowa River) PULSA AQUÍ PARA LEER POEMAS SOBRE LAS ESTACIONES DEL AÑO
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Llegan _alguna vez será_ la transparente caricia de la tarde, el airecillo travieso como un pájaro que ríe, la ondulada promesa de la hierba a que me entrego,
y yo
...
(Entonces yo era un preso como tú, viejo tronco enterrado y que no puedes huir de mi discurso como los compañeros de aquel tiempo ... me valdré de tu paciencia que, si bien se mira, no demuestra virtud pues obligado por tus raíces a escucharme vives, y hablaré contigo. No te extrañes del tono de ebriedad de mis palabras: es de mayo la luz que nos rodea con su vuelo, y el murmullo del río en libertad añade al ritmo de mi pecho despierto el de la vida ... ) Viera ... ¡qué poco la paloma que con blanco volar me dio tu carta supo darle a tu voz la gracia de la forma ... ! Ni siquiera me dijo los colores de tu risa ni el tono musical de tu cabello no sé si noche o trigo, ni tampoco logró expresar el tacto que cálido imagino como un fresco temblor de tu regazo constructivo. Quise cuanto de ti no sé que me explicara, mas ya el azul rompía con su vuelo cuando de la emoción me sobrepuse. Árbol amigo y grave que en silencio me escuchas _si no es ese rumor de tu ramaje la imprecisa manera de contarme tus problemas_, yo te ruego (si en tus venas está mi biografía) que me dejes grabar en tu corteza el nombre de la que, sin saber de mí otra cosa que la verdad impresa en los papeles de libros y sumarios, logró con amistosa iniciativa fundir la realidad con el deseo. (de Papeles encontrados por un preso) PULSA AQUÍ PARA LEER POEMAS SOBRE ÁRBOLES/FRUTOS |
a José Esteban . Ya los héroes no visten armadura ni aprenden el manejo de la lanza, ni van por los caminos en busca del amor y las batallas. Hubo un tiempo quizá, o acaso nunca, -ni entonces ni mañana- para los héroes que buscaban sueños en tanto el campesino alimentaba la gleba con su sangre enraizando en la tierra sus entrañas, y que en sueños y sangre y una sutil materia se bañaban, pero no en el sudor de cada día ni en el quehacer continuo de cultivar la tierra y abonarla. Acaso Dulcinea fue un instante
la mujer
fatigada de La Mancha,
pero su nombre ahora es Aldonza Lorenzo: tal se llama. Ése es su nombre y su destino es ése: levantarse de sol cada mañana, trabajar sin descanso todo el día desde la luz que anuncia la jornada hasta el primer silencio de la noche, juntarse con la tierra y fecundarla, agrietarse las manos contra el viento, curtirse bajo el sol cada segada, endurecer su piel bajo la lluvia y por dentro ser blanda como el agua. Ya los héroes no visten armadura, mas no por eso faltan; si veis con ojos limpios, es fácil encontrarlos de mañana cuando van al trabajo o, por la noche, cuando vuelven cansados a sus casas. Ya no atacan la paz de los molinos -son hermanos del pan y el pan les falta- y apenas tienen tiempo para soñar con bellas encantadas... es muy duro el trabajo cada día, y empieza muy temprano la jornada. Ya los héroes no visten armadura -un mono azul es su uniforme y gala- ni se bañan en sangre de dragones sino en sudor y grasa. Pero a veces descienden a la tierra: al silencioso centro de su entraña misteriosa y oculta (como Orfeo en busca de su amada) y encuentran el grisú entre las tinieblas o alguna muerte antigua y más lejana. Ya no buscan el sol como, otro tiempo, rebelde, Prometeo lo intentara, pero queman sus ojos y sus manos mordidos por el oro de las fraguas, o a Ícaro recuerdan en su vuelo desde el andamio hasta el dolor, sin alas. Ya los héroes no visten armadura ni aprenden el manejo de la lanza, pero están con nosotros en la tierra sembrando su sudor y alimentándola. PULSA AQUÍ PARA VER UN VÍDEO DE CARLOS ÁLVAREZ RECITANDO ESTE POEMA |
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